El Consejo de Derechos Humanos de la ONU votó el jueves en contra de celebrar un debate sobre presuntos abusos en la región china de Xinjiang, en un gran revés para las naciones occidentales.

Estados Unidos y sus aliados presentaron el mes pasado el primer proyecto de decisión al máximo organismo de derechos humanos de la ONU que apunta a China, buscando como mínimo mantener una discusión sobre Xinjiang.

La medida se produjo después de que la exjefa de derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, publicara su informe sobre Xinjiang, largamente retrasado, el mes pasado, citando posibles crímenes de lesa humanidad contra los uigures y otras minorías musulmanas en la región del lejano oeste.

Pero luego de un intenso cabildeo por parte de Beijing, los países del consejo de 47 miembros en Ginebra votaron 19 a 17 en contra de celebrar un debate, con 11 países que se abstuvieron.

Las naciones que votaron en contra de tener una discusión fueron Bolivia, Camerún, China, Cuba, Eritrea, Gabón, Indonesia, Costa de Marfil, Kazajstán, Mauritania, Namibia, Nepal, Pakistán, Qatar, Senegal, Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Venezuela.

Se abstuvieron Argentina, Armenia, Benin, Brasil, Gambia, India, Libia, Malawi, Malasia, México y Ucrania.

Los aliados occidentales habían estado luchando por los votos en el período previo al momento dramático del jueves en el Palacio de las Naciones de la ONU.

El proyecto de decisión fue copatrocinado por Gran Bretaña, Canadá, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Australia y Lituania.

Un diplomático occidental enfatizó que, independientemente del resultado, «se ha cumplido el objetivo número uno» al poner el foco en Xinjiang.

El informe de Bachelet, que se publicó el 31 de agosto minutos antes de que terminara su mandato, destacó las denuncias «creíbles» de tortura generalizada, detención arbitraria y violaciones de los derechos religiosos y reproductivos.

Obtuvo el respaldo de la ONU a las acusaciones de larga data de los activistas y otros, que acusan a Beijing de detener a más de un millón de uigures y otros musulmanes y esterilizar a la fuerza a las mujeres.

Beijing rechazó con vehemencia los cargos y acusó a la ONU de convertirse en un «matón y cómplice de Estados Unidos y Occidente».

Insiste en que está gestionando centros de formación profesional en la región para contrarrestar el extremismo.

China lanzó una ofensiva total en Ginebra y en las capitales de los países para descartar el informe y recalcar la «verdad» sobre la situación de los derechos en Xinjiang.

Los países africanos, donde China es el principal acreedor después de realizar inversiones masivas en infraestructura y otras, se han enfrentado a un cabildeo particularmente fuerte, dicen los observadores.

«Sabemos la cantidad de influencia que tienen los chinos, particularmente en África», dijo el diplomático occidental, y agregó que muchas naciones detestan votar en contra de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

«Es realmente una llamada difícil para muchos países», reconoció el diplomático.

«La lucha continúa».